C.

Vivía la vida absorto en la rutina.

Nunca se preguntó si lo que hacía le gustaba.

Fue un ciudadano ejemplar, realizó los 16 años de escolarización obligatoria, graduandose con honores. Fue a la universidad, manteniendose siempre en los primeros lugares.

Cada cuatro años votaba por el mal menor que gobernaría en su país.

Llegó virgen al matrimonio, que consumó a sus 23 años.

Leyó todo lo que tenía que leer y aún más. Sabía el nombre de todos los países africanos que pertencen y pertenecieron a la colonia francesa, sabe decir en al menos siete distintos idiomas: “estoy pérdido” y “dónde está el baño?”.

Nunca se ha sentido enamorado, ni siquiera de Don Beno, el perro quien lo acompañó durante sus primeros 13 años de vida, no lloró cuando murió y no siente tristeza cuando ve las fotos en las que aparecen juntos.

Todo era tranquilo en su vida, nada totalmente bueno, nada totalmente malo. Normal. Todo se encontraba dentro de la norma y él era feliz así.

Y derrepente, sin saber como, ni cuando, comenzó.

Llega a su vida tornado y tempestad que abolieron todo lo que el reconocía como una vida plena.

Ella, sin una razón en particular, toma su mano y lo guía por recovecos desconocidos en la ciudad, él ve otro mundo, escapa a la rutina, conoce la felicidad, conoce el amor y por fin comienza a crear proyectos que realmente le interesan.

“Nunca dices hola, ni como estás; llegas y te abalanzas diciendo algo sin importancia, detalles nimios. Me gusta. Me gusta. Llegaste a mi vida así, sin avisar, sin saludar. Y ahora, cada vez que me encuentro contigo me haces revivir aquel momento”.

Pero así como llegó y le enseñó un lado completamente nuevo de la vida. Así mismo se fue.

Sin despedirse.

Sin un adiós.

Sin más, se fue.

Su vida no fue la misma.

Fue absorvido por una masa de negatividad y oscuridad, se encontró a si mismo en lo más profundo de una fosa que el mismo pareciera haber construido. No fue la perdida de ella lo que lo arrastró a tal lugar, a lo más sombrío de su ser, tampoco fue el recuerdo de aquellos parajes y bellos paisajes que juntos presenciaron, ni mucho menos la destrucción su familia. No fue el abandono, ni la soledad.

Fue el haber conocido aquello, la luz que irradiaba su presencia, el haber escapado de las garras de la rutina, el haber presenciado tanta belleza en un mundo que el creía neutro.

Jamás pudo volver a poner una sonrisa en su rostro, sabía que nunca más iba a poder sentir tanta felicidad y plenitud.

Anhelaba la ignoracia que sentía antes de que ella llegara a su vida.

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2 pensamientos en “C.

  1. Me gustó, I really liked it C:

    Pero en referencia a tu comentario en Facebook, en el que dices:

    “QUERÍA DARLE UN FINAL FELIZ, TE LO JURO, TE LO JURO askdjhaskdhasd”.

    Sólo quería recordarte que si no es feliz, no es final =P

    • Hoy día será recordado como el día en que te acordaste de mi y fui bendecida con un comentario tuyo.
      Y.. ni ahí con los finales felices.

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