Bad timing

Dos personas comparten la misma calle pero no existen. Dialogan pero no se ven, se miran, se respiran, pero sigue el uno carente de importancia para el otro. Juntos, intercambiando gestos, gustos, energías y miradas, pero todo esto sin existir. Hasta que llega un momento en que todo ese tiempo compartido toma sentido (…)

La primera vez que ella lo vio fue cruzando por la intersección de Rodríguez con la calle Redentor. Fue ahí mismo también, en aquella intersección, la última vez que lo vio.
Se habían topado antes, ciertamente, pero nunca se había fijado en él, sólo sabía que más de una vez compartieron el mismo maldito medio de transporte sofocante, el cual tomaban justo en el semáforo de Rodríguez.

El día que se vieron por primera vez, a ella lo había sentido eterno para ser tan temprano, eran recién las 13 horas con 16 minutos, pero cada minuto parecía aumentar el peso sobre sus hombros, incrementando el cansancio que venía acumulando desde las 7 de la madrugada. Fue cruzando la calle, cuando el abochornado día no le pareció tan terrible, cuando el peso sobre sus hombros ya no era tan devastador y el sueño se desvaneció de su semblante. Fue envuelta por una intensa atmosfera lo que la obligó a levantar su cabeza.

En aquél momento su mirada se encontró frente a frente con otra, una cálida, una, que al parecer, había quitado todo residuo de negatividad de su ser ¿Cómo era esto posible? Podía ser que un extraño, ni tan extraño, le fuera tan importante de un segundo a otro, alguien carente de todo significado ahora contenía tanto dentro de él.

El encuentro de sus miradas solo duró unos pocos segundos, pero bastaron para que ella los recordara por siempre en su mente. Existía en la profundidad de sus ojos una calidez que le fue transmitida con su mirada. Una mirada que poseía un atributo característico. Un algo que la sacó de su desgraciada rutina. Un algo que se impregnó para siempre en ella.

Estaba claro. El destino no podría haber gritado más fuerte y haber apuntado con más ganas en aquella escena, que ambos estaban predestinados a estar juntos por el resto de sus vidas, amándose y entregándose el uno al otro con suma dedicación. Tomaron sentidos todos eso viajes que parecían fútiles, que compartieron sin tomarse en cuenta, todo ese tiempo perdido dentro de aquél medio de transporte incomodo ahora ya no significaba lo mismo, todo ese intercambio de gestos, gustos, energías, eran necesarios.

Era absolutamente necesario que ella se levantara excesivamente temprano para cocinarle a su hermano menor, la comida que no había alcanzado a hacer el día anterior. Era absolutamente necesario el haber faltado a clases de Teoría documental para adelantar un trabajo para Producción ejecutiva, que para variar, hacia a última hora. Fue también absolutamente necesario que se le olvidara la bufanda encima del sillón y que tuviera que devolverse a buscarla. Todo y no solo ese día, todo estaba perfectamente alineado, todo estaba en perfecto timing para que su mirada se encontrara con la de él cruzando la calle Redentor.

Desde el encuentro pasaron semanas sin toparse. Todos los días ella llegaba con la expectativa de verlo, como muchas otras mañanas en las que se te topó con él, pero lamentablemente todas esas ilusiones eran masacradas día tras día.

(…)

Hasta que finalmente una fría mañana lo vio. El esperaba de pie en un paradero que, inusualmente, se encontraba desierto. Increíblemente se vía más guapo de lo que ella podía recordar, su presencia iluminaba la mañana nublada. Era el momento perfecto, nuevamente la vida le había preparado todo.

Estaba decidida a hablarle, sabía que no tenía mucho tiempo, que solo poseía un par de minutos antes que él se fuera y siguiera su camino, lo sabía pero al parecer su determinación no era tan grande como su inseguridad y el miedo al rechazo. ¿Cómo le hablaría? ¿De qué le hablaría? miles de historias se le pasaron por la mente ¿si le hablaba de algo casual como el clima? O si le decía, como lo vio una vez en un video, que cuando lo vio encontró su presencia tan magnífica que tuvo que acercarse a hablarle…

Se acercó muerta de miedo su corazón no cabía dentro de su pecho, latía como loco endemoniado, le dolía el estomago y sus rodillas temblaban. Tanto pensó que decirle al acercarse pero no hubo tiempo para decir algo. Él se dio cuenta de su presencia, la observó con suavidad y sonrió. Lo sabían, sin nunca antes hablarse, lo sabían. Sabían que estaban predestinados a enamorarse, a estar para siempre el uno con el otro, a abrazarse, a crecer juntos. Se abrazaron, era el más tierno y perfecto abrazo, él pasó sus brazos bajo los de ella, rodeándola por la cintura y ella… ella despertó de aquella fantasía solo para darse cuenta que él ya no se encontraba esperando, se levantó desesperada y miro a su alrededor, él aburrido de esperar iba caminando hacia la esquina.
Pero no estaba preparada para ver lo que le esperaba.

Si ella le hubiese hablado, no tendría que haberse encontrado con aquella escena, nada habría pasado. Ya no importaba el rechazo, no importaba la vergüenza ni las inseguridades. Ella tuvo el poder de cambiar los hechos, ella pudo haber echo algo y no lo hizo.
Solo un par de segundos más habrían evitado que él se viese envuelto en aquella tragedia provocada por un conductor imprudente.

Ella vive y observa el cuerpo de él postrado.

Ella podría haberlo evitado y no lo hizo.

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Ojala les guste, le puse bueno (primera vez que dedico tanto tiempo a escribir algo), le cambié muchas cosas, muchas veces y no sé. Aún siento que le falta algo, pero al menos estoy feliz de haber podido plasmar una idea que tenía dándome vueltas en la cabeza hace ya casi 8 meses y que aún no lograba poder escribir.

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