Oda a la sopaipilla

Todo comenzó en una fría tarde de invierno cuando a Nicolás “el pelao” Peréz, que no tenía plata ni pa’ comprar una vela, se le prendió la ampolleta y como este cabro no tenía ni un pelo de tonto le puso bueno y se armó una cocinilla hechiza, le puso un paragüas y se paró en un la esquina de Bandera con Alameda a vender sopaipillas.
todo sube
sube el kapo
sube el alka
y el media hora
mas no sube la sopaipa
que siempre la encuentras a gamba.
“LA SOPAIPA A GAMBA PA’L FRÍO” era el grito del Pelao pa’ ofrecer tan exquisito manjar.
Pero pasó el invierno y el pelao se quedó botao, sin anda que hacer a santiago se dedicó a recorrer y de tanto caminar, bajo el ardiente sol, hambre le dió, pero puro mote insípido se encontró.
Así que el Pelao pescó su cocinilla hechiza y ándale que esto se armó.
Pescó el Pelao
Mayo, kepchú y ajo
pescó el pelao
mucho pebre y comistrajo
y un emporio trajo
pa la esquina en cal y canto.

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