Pensar más que tanto

Creo que ahora lo entiendo mejor y un poco más.
Me gusta exagerar al máximo todo lo que siento y sentirlo en todo mi cuerpo. Me gusta que mi corazón se agite nerviosamente, que me suden las manos, me tiriten las piernas y me desvanezca.
Un poco.
A veces.
O que mi cuerpo se tense y relaje; todo dependiendo del estímulo.
A veces los estímulos no son tan fuertes y producen respuestas vagas, esas respuestas son las que exagero. Vivo la respuesta.
SI tengo un poco de pena entre mezclada con rabia porque no había el dulce que quería, entonces lloro, pataleo, me angustio, refunfuño y me pongo mañosa por un minuto. Pero ese llanto, ese pataleo y cada mala palabra que sale de mi boca son lo más. El llanto MÁS profundo, el pataleo MÁS fuerte, las palabras MÁS duras.
Luego nos olvidamos del sentimiento y quedan los hechos.
No recuerdo la pena que sentía hace un año, pero si recuerdo lo mucho que lloraba cada día.

Lo que vale no es el final, si se acabó el amor y ya no quieres estar junto a mí, si esa romantica historia de amor, aquella de los cuentos de hadas termina mal. no importa

Porque es el viaje lo que vale.

Da lo mismo si el finalfeliz nunca llega mientras que el viaje haya sido entretenido.
La historia de amor no debería cobrar sentido si termina bien. Debe tener sentido en sí misma.
No podemos construir una relación en base a frases “vivir feliz para siempre”, “juntos hasta la eternidad” “la búsqueda del finalfeliz”. Pues da lo mismo como terminen las cosas, pues ya terminaron.
Ya no me avergüenza ser mala con los finales.

No me importa.

El final debe no ser mediocre simplemente.
Carpediem no es más que disfrutar al máximo todo, vivirlo todo y aprender de eso. Vivir la pena, disfrutarla, interiorizarla, creérsela, amarla, entregarse y eso con todo; la felicidad, el amor, el goce, el miedo…
Después de un tiempo todo ese año de pena se volverá un segundo, un segundo donde “tuve pena”, una pena que vino y se fue y no me dejó nada, nada porque intenté evitarla en vez de vivirla.
Vivir la vida y no ver la vida.
Ahora lo entiendo y solo me falta una manera de ponerlo en práctica sin afectar tanto al resto.
No puedo tratar mal a todos por un segundo de rabia….

Encuentro cada vez más contradictorio el nombre de este blog, y un poco gracioso lo irónico que se hace a veces (busquen, no hay finales felices acá).

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