vanidosa

Me duele la garganta de tanto gritar tu nombre.
Me molestan los ojos de tanto mirar la gente pasar.
No puedo dormir, no puedo pensar.
El insomnio desvanece todos mis recuerdos y ya no sé ni de que color son tus pestañas.
La sinceridad invade los poros de mi piel y aún así callo las palabras que van subiendo por mi garganta, se quedan atragantadas, me ahogan y muero.

Me levanto al otro día sin saber lo que pasó. No sé que hora es, no tengo reloj y las nubes me impiden ver el sol. No sé donde estoy;
¿Será ya otro día?
¿Todavía seguiré soñando?
¿Me quedé dormida en algún momento?

Algún momento puede ser mucho tiempo equivoco. Entrecierro los ojos y veo una realidad distinta. Entre barrotes y entre pestañas.
Pestañas multitudinarias.
Étnicas.
Foráneas.

Forajidos.
Que entran a mi pueblo sin permiso.

Sin permiso más que sus habladurías a los ojos, de ojo a ojo.
de oreja a boca.
de labio a labio.

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